Feliz Navidad

Aquellos primeros anuncios

   ♦       Sección:   CURIOSIDADES       ♦  


  ¡Qué tiempos! Tras la derrota del nazismo, las chicas “topolino” se convirtieron en el reflejo edulcorado.machismo. Incluso en los inocentes anuncios sobre remedios para el dolor de cabeza se transmite un mensaje que hoy resultaría inaceptable: la familia siempre supeditada al padre.

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ué tiempos! Tras la derrota del nazismo, las chicas “topolino” se convirtieron en el reflejo edulcorado.machismo. Incluso en los inocentes anuncios sobre remedios para el dolor de cabeza se transmite un mensaje que hoy resultaría inaceptable: la familia siempre supeditada al padre.

    

EL ÁLBUM

Describen cómo éramos, qué ambicionábamos y todo aquello de lo que carecíamos. Pero también tuvieron una misión propagandística y sexista, tal y como recuerda ahora una exposición. El franquismo utilizó la publicidad de los años 40 y 50 para «educar» en los principios del régimen.

Una superestructura de himnos y homilías se cernía sobre la penuria de los 40 como una nube. El luto, el frío y el hambre se anestesiaban con la cínica comicidad de las variedades, los sermones del padre Venancio Marcos, El Coyote de Mallorquí, las coplas de Concha Piquer o las zambras cachondas que Manolo Caracol le cantaba a una gitana adolescente. La propaganda política ocultaba la miseria bajo la alfombra de la censura y la publicidad era su prolongación; los anuncios incorporaban y multiplicaban los lemas de la dictadura. Susana Sueiro, comisaria de la exposición La sociedad española de los años 40 y 50 a través de la publicidad, ha documentado que «el manejo de la fraseología de los vencedores por parte de las casas comerciales fue habitual en los primeros años del franquismo».

Era un tiempo esquizoide en el que la cartilla de racionamiento convivía con una megalomanía delirante: «Como en España ni hablá / y eso lo digo en la China y en Madagascá», cantaba Miguel Ligero. Tal vez pensara en las herrumbrosas lanzas del Imperio. Un vino de González Byass se llamaba Imperial Toledo, vino de héroes; la agencia de publicidad que creó muchos de los anuncios de la época se llamaba también Imperio, como algunas marcas de corsetería, zapatos o tintes, que eran el eco publicitario de una propaganda ubicua: «Por el Imperio hacia Dios». El Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona convocó a multitudes devotas, entregadas a confesiones y comuniones, adoraciones, consagraciones y viáticos en un desvarío clerical que los más descreídos bautizaron como «la Olimpiada de la Hostia». Era una España ensotanada o marcial, grandilocuente y famélica, pero no abstemia. El anís Viva España competía con el Bandera Española. Para engañar el hambre y espantar la pena la gente se daba a la bebida. Mezclados, el coñac y el anís daban el sol y sombra, cóctel patrio. En un país escindido entre vencedores y vencidos, el sol y sombra proponía la concordia. El coñac exaltaba viejas glorias (Lepanto, Cardenal Mendoza, Carlos Primero, Duque de Alba, Gran Capitán), mientras el anís reivindicaba el terruño (Chinchón, Ojén, La Asturiana, La Castellana).

Años 50. España salía de la penuria y la cartilla de racionamiento se suprimió en 1952. Los aliados de EEUU comenzamos a imitar su estilo de vida y aparecen nuevos productos de consumo.

Años 50.

España salía de la penuria y la cartilla de racionamiento se suprimió en 1952. Los aliados de EEUU comenzamos a imitar su estilo de vida y aparecen nuevos productos de consumo.

La publicidad decía que beber alcohol era estupendo para sentirse bien y el tabaco proponía una embriaguez seca. Una cajetilla de rubio americano costaba en los años 40 cinco pesetas en el mercado negro, cuando un periódico costaba 15 céntimos. Los protagonistas de la publicidad son flechas y pelayos, militares o burgueses engominados que lo mismo anuncian polvos de talco que flanes, achicoria o malta. Tiempo de sucedáneos. Y de parásitos: en una sola página de un diario podían coincidir anuncios contra la tiña, los eczemas, los forúnculos y otras supuraciones.

También era frecuente cruzarse con mutilados y los productos ortopédicos se anunciaban profusamente, como la famosa «pierna artificial Ortoprot, enteramente nacional». La miseria empujó a legiones de mujeres a las esquinas o a los burdeles y las venéreas causaron estragos. En 1940, en un anuncio de Aceite Inglés con el lema «todos saben para lo que es», aparecía una gran flecha que señalaba a un bicho con aspecto de ladilla.

Salud pública. La falta de higiene convirtió la salud en tema estrella de los anuncios.

Salud pública.

La falta de higiene convirtió la salud en tema estrella de los anuncios.

La lujuria se combatía con homilías en los púlpitos, admoniciones en el confesionario y la vuelta a los corsés, corpiños, calzones, pololos y ballenas en una apoteosis de la disuasión. A los hombres, sin embargo, las hojas de afeitar y la brillantina les aseguraban el derecho a ser un Clark Gable de 1,58 (la talla media de los varones) los domingos y fiestas de guardar.

Epidemia de tifus. A juzgar por la cantidad de anuncios de antiparasitarios para exterminar ratas, chinches o cucarachas, el país parecía el paraíso de las liendres y el piojo verde, que anidaba en las ropas y provocó una grave epidemia de tifus exantemático. No hubo tratamiento eficaz hasta la llegada del DDT: «DDT Chas, DDT Chas, no hay quien te aguante, tú como el gas, la muertes das, en un instante». Era una España en la que era fácil morir y un milagro sobrevivir sin reconstituyentes como el Fósforo Ferrero, que servía también para las alteraciones nerviosas. No faltaban motivos para estar de los nervios, porque el salario era escaso, los recuerdos traumáticos, la libertad condicional y la dieta o azarosa o rutinaria, falta de fibra y escasamente digestiva, de ahí tanto anuncio de purgantes y laxantes que, a falta de otra cosa, se anunciaban también como postre o golosina. La lista es larga: Rodher, Yer, Laxante Salud, Laxibero...

una gran responsabilidad... En los 40, la altura media de los varones era de 1,58 m. Tener hijos sanos era un deber y se bombardeaba a las madres con harinas milagrosas, eso sí, nacionales.

una gran responsabilidad...

En los 40, la altura media de los varones era de 1,58 m. Tener hijos sanos era un deber y se bombardeaba a las madres con harinas milagrosas, eso sí, nacionales.

La Guerra Fría le vino bien al franquismo, se reivindicó como centinela de Occidente y los americanos nos trajeron chicle, salsa de tomate que llamaban ketchup y tubos fluorescentes. Las cafeterías empezaron a llamarse California o Nebraska y el novelista popular Alfredo Manzanares firmaba como Alf Manz. También llegaron el far-west y los anuncios de líneas aéreas. Ser español era en los 40 y 50 una tragedia camuflada entre anuncios.

La exposición «La sociedad española de los años 40 y 50 a través de la publicidad» estará abierta desde el 16 de abril hasta el 20 de mayo en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid.

Contra la tos... Las restricciones en el suministro eléctrico y la dureza de la intemperie producían tosferina, anginas y ronquera.

Contra la tos...

Las restricciones en el suministro eléctrico y la dureza de la intemperie producían tosferina, anginas y ronquera.

  • ¡Qué tiempos! Tras la derrota del nazismo, las chicas «topolino» se convirtieron en el reflejo edulcorado de un régimen que empezaba a renegar de la autarquía y del delirio imperial para abrirse al mundo. Tras la llegada de Eisenhower en 1959, llegaron también los primeros electrodomésticos, fundamentalmente lavadoras, tal y como se comprueba en los dos anuncios de la página anterior. Eso sí, los «buenos libros» sólo eran los religiosos, los que biografiaban a Franco o los que denostaban el comunismo y defendían la Hispanidad.
  • Machismo. Incluso en los inocentes anuncios sobre remedios para el dolor de cabeza se transmite un mensaje que hoy resultaría inaceptable: la familia siempre estará supeditada a las necesidades del padre.
  • ¿Genialidad? La exaltación del genio hispano promovió todo tipo de inventos, aunque algunos de ellos parecían inspirados en el TBO. Como este casco para motoristas con luces incorporadas.
  • Salud pública. La falta de higiene convirtió la salud en tema estrella de los anuncios. Decenas de productos competían por hacerse con el favor del público. Otros denostaban el inocente chupete.
  • Una gran responsabilidad... En los 40, la altura media de los varones era de 1,58 m. Tener hijos sanos era un deber y se bombardeaba a las madres con harinas milagrosas, eso sí, nacionales.
  • Contra la tos... Las restricciones en el suministro eléctrico y la dureza de la intemperie producían tosferina, anginas y ronquera. Así que para evitar resfriados, nada mejor que las pastillas Koki...
  • Años 50. España salía de la penuria y la cartilla de racionamiento se suprimió en 1952. Los aliados de EEUU comenzamos a imitar su estilo de vida y aparecen nuevos productos de consumo.
  • Nacionalismo. El culto a lo español lo inundaba todo. Así que incluso para vender dentífricos se recurría a la bandera española o a algo tan nuestro como la Giralda de Sevilla. Puro orgullo nacional.
  • Publicidad institucional. Aunque la huelga era un delito de sedición, los conflictos laborales provocados por los bajos salarios animaron al régimen a aprobar algunas reivindicaciones obreras.
  • Alcohol. España pasaba hambre, pero no era abstemia. La publicidad decía que el alcohol era estupendo para sentirse bien y beber era más barato que comer. El anís era una de las bebidas preferidas.

     Por Gonzalo Ugidos

  • [Fuente: elmundo.es ]

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    Joan Crawford, la peor madre del mundo

       ♦       Sección:   BIGRAFÍAS     ♦  


    La hija. Joan y Christina Crawford a finales de los años 40. La actriz adoptó a su hija mayor en 1939.

    La hija. Joan y Christina Crawford a finales de los años 40. La actriz adoptó a su hija mayor en 1939. 

      ◄ ¡Biografía un tanto prolija, pero no por ello, deja de ser interesante lerla completa! ◄ 


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    ara el público era una generosa estrella de Hollywood, ganadora de un Oscar, que ante la imposibilidad de tener hijos decidió adoptar cuatro niños. Para Christina, la mayor de ellos, una alcohólica neurótica y maltratadora trastornada con la pulcritud.

          

    En 1978, un año después de la muerte de su madre, Christina escribió «Queridísima mamá», un éxito de ventas en el que destripaba el mito de Joan Crawford. Fue la primera biografía de un famoso tan explícita y tan dura. Treinta años después publica una edición ampliada y recibe a una periodista –es la primera vez en una década– para hablar de su «progenitora adoptada».  

    Christina Crawford tenía 13 años cuando dejó de creer que su madre la quería. Era una edad bien temprana para ver tan profundamente cuestionada la creencia en la bondad del mundo. Pero fue a esa edad a la que ella recuerda que su madre la agarró por la garganta, le dio un puñetazo en la cara y le estampó la cabeza contra el suelo. «Eso no se olvida nunca», afirma ahora, con 68 años. «Se situó muy cerca de mi cara y se le notaba en los ojos... Cualquiera puede ver que alguien está tratando de matarle».

    Era una característica de la personalidad de su madre que en ?953 nadie más conocía. Para el gran público, la madre de Christina no era la típica maltratadora con accesos incontrolados de cólera y alcohólica. Para todo el mundo era sencillamente Joan Crawford, la estrella de Hollywood.

    El Óscar. Lo ganó en 1946 y 1963 (en la imagen) lo recogió en nombre de Anne Bancroft. Con ella, Gregory Peck, Sophia Loren y Fernanado Lamas.

    El Óscar. Lo ganó en 1946 y 1963 (en la imagen) lo recogió en nombre de Anne Bancroft. Con ella, Gregory Peck, Sophia Loren y Fernanado Lamas.

    En la etapa culminante de su carrera, en los años 40, Crawford tenía fama más bien de buena persona. Fue una de las primeras ingenuas del cine, una actriz que había superado una infancia de pobreza para convertirse en una de las mujeres mejor pagadas del mundo del espectáculo. A lo largo de cinco décadas, interpretó papeles de protagonista con Clark Gable en Amor en venta o con Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane? y ganó un Oscar en ?945 por el papel principal de Alma en suplicio. Vivía en una amplia mansión en Brentwood, en Los Ángeles, y empleó su dinero en adoptar y educar a cuatro niños, uno de ellos Christina. Una decisión continuamente elogiada en los extensos reportajes que las revistas dedicaban a la felicidad de su vida en familia. Para Christina, sin embargo, la imagen pública era una mentira entre oropeles. «La gente fantaseaba sobre quién o qué era yo, sobre mi vida familiar, la vida privilegiada de la hija de una estrella de cine. Pero yo no tenía nada de eso».

    Un año después de la muerte de su madre, en ?977, de un ataque al corazón, a los 69, 72 ó 73 años de edad, según la fecha de nacimiento que prefiriera creer cada cual, se colmó el vaso de su frustración. En ?978 publicó Mommie dearest (Queridísima mamá), una autobiografía feroz que retrataba a Joan Crawford como una perfeccionista sádica, una alcohólica propensa a castigar las faltas más leves con un rigor desproporcionado.

    Fueron las primeras memorias de un personaje famoso en las que se contaba absolutamente todo, el primer libro en el que se hablaba tan abiertamente de una infancia presuntamente marcada por los malos tratos psicológicos y físicos. El libro causó sensación y se mantuvo durante 42 semanas en el primer puesto de la lista de los más vendidos del New York Times. En los años siguientes, los hijos de Bette Davis y Bing Crosby escribieron libros de memorias parecidos en los que sus padres salían bastante malparados, y la película de ?98? que adaptó Mommie dearest, con el mismo título y Faye Dunaway en el papel protagonista, se convirtió en un éxito de culto. Sobre la reputación de Joan Crawford cayó una descalificación tan feroz que nunca ha llegado a recuperarse del todo.

    La familia. Alfred Steele, su cuarto marido, Crawford, Christina, Christopher y las gemelas Cindy y Cathy, en 1956.

    La familia. Alfred Steele, su cuarto marido, Crawford, Christina, Christopher y las gemelas Cindy y Cathy, en 1956.

    Perchas de alambre. Hasta el día de hoy, la mayoría de la gente la asocia con una escena vergonzosa que aparece tanto en el libro como en la película en la que Joan Crawford monta una bronca brutal al descubrir que los vestidos de Christina están colgados de unas perchas de alambre. «¡Nada de perchas de alambre!» fue una frase que se incorporó al lenguaje coloquial para expresar la inestabilidad de una madre neurótica. En otra ocasión, Christina recuerda a su madre sacándola a rastras de la cama en plena noche, cuando tenía 9 años, para atizarle en la cabeza con un bote de detergente por haberse dejado restos de jabón en el suelo del baño.

    Ahora, 30 años después de la publicación de Mommie dearest, Christina Crawford vuelve a sacar el libro con prólogo y epílogo nuevos, con testimonios de contemporáneos que corroboran sus afirmaciones y con más de ?00 páginas y fotografías que se suprimieron en la edición de ?978.

    Los negocios. Al morir Steele, la actriz ocupó su puesto en el consejo de administración de Pepsi. La foto es de 1966.

    Los negocios. Al morir Steele, la actriz ocupó su puesto en el consejo de administración de Pepsi. La foto es de 1966.

    Christina también tiene sus detractores. A lo largo de estos años, varios colegas de Joan Crawford, entre ellos, su primer marido, Douglas Fairbanks hijo, y la actriz Myrna Loy, han puesto en duda los recuerdos de Christina, a la que han acusado de exagerar y fantasear. Dos de los otros niños adoptados por Crawford, las gemelas Cathy y Cindy, afirmaron públicamente en su día que Christina era una mentirosa e insistieron en que Joan era una madre cariñosa, exigente pero nunca maltratadora.

    Han pasado tres décadas y el conflicto entre hermanas sigue sin resolverse. Tanto Cindy como el único varón adoptado por Crawford, Christopher, han muerto recientemente. Pero la animosidad sigue enquistada en las nuevas generaciones. Casey LaLonde, hijo de Cathy, de 36 años de edad, confiesa por teléfono desde su casa de Filadelfia que su madre aún recuerda «un hogar en el que reinaba el cariño. Mi abuela era una madre muy cariñosa, muy protectora de sus hijos, a los que adoraba, una persona maravillosa. Siempre he puesto un cuidado exquisito en no llamar mentirosa a Christina, pero está claro que su experiencia fue muy diferente de la de mi madre y mi tía Cindy».

    En marzo de este año una nueva biografía de Joan Crawford arrojó sobre Christina una luz aún menos favorecedora. Not the girl next door, de Charlotte Chandler, incluía entrevistas con la propia actriz en las que ésta cargaba contra su hija adoptada, a la que acusaba de ingrata. Se mencionaba en el libro una cita textual de Cathy Crawford en la que ésta decía que Christina «tenía su propia realidad... No me explico de dónde sacaba sus ideas. Nuestra mamá era la mejor madre que cualquiera haya podido tener».

    Hasta ahora, Christina no había respondido. Sin embargo, cuando me encuentro con ella en su casa de Idaho para su primera entrevista en ?0 años, sigue en sus trece. Reconoce que tal vez fuera una niña muy testaruda, difícil en ocasiones, pero señala que su hermano pequeño, Christopher, con quien ella compartió habitación hasta que cumplió ?0 años, confirmó su versión. «Cathy ha hablado sobre su experiencia todo lo que ha querido, y ése es privilegio suyo, pero había ocho años de diferencia entre nosotras. Ella tenía dos años cuando a mí me enviaron a un internado. Ella no podía saber nada acerca de mi experiencia o de la de Chris, no tenía ni idea, nada de nada».

    Perritos falderos.¿Quizás, aventuro, las gemelas tenían una personalidad más dócil y eran menos reacias a someterse a la naturaleza dominante de su madre? Se echa a reír a carcajadas. «Es posible», responde. «Lo que mi madre quería eran admiradores incondicionales y perritos falderos, no seres humanos».

    Joan Crawford fue, sin duda, un producto manufacturado desde el primer momento, un mito creado por los magnates cinematográficos. Nacida en San Antonio (Texas), su verdadero nombre era Lucille LeSueur. Su padre desapareció de su vida cuando apenas tenía unos pocos meses de edad. Padeció una infancia llena de privaciones y aquello hizo que aborreciera siempre la mugre y el desorden. Resuelta a escapar de su ambiente, llegó a ser corista en Broadway hasta que fue descubierta por los jefes de la Metro-Goldwyn-Mayer en ?924.

    Le ofrecieron un contrato y montaron un concurso en una revista para escogerle un nuevo nombre, pues la pronunciación de su apellido era demasiado parecida a sewer, cloaca en inglés. Joan Crawford fue la propuesta ganadora. Cortó las relaciones con su familia, se abrió paso con uñas y dientes hasta la cumbre y se reinventó a sí misma como una leyenda sin pasado. Las fotografías de la época inmortalizan a una mujer extraordinariamente llamativa, con unos marcados pómulos y unas cejas perfiladas que se arquean sobre unos radiantes ojos oscuros. Se advierte también una determinación poco común en la forma de su barbilla y la actitud retadora de su mirada. Más que resultar bonitas, las fotos tienen potencia, intensidad.

    Su carácter enérgico y su rotundo atractivo físico sugerían que estaba acostumbrada a conseguir lo que se proponía. Se casó cuatro veces, la última con Alfred Steele, presidente de Pepsi-Cola, cuyo sillón en el consejo de administración ocupó tras la muerte del magnate. Y tuvo un sinfín de aventuras, tanto con hombres como con mujeres, entre las que hay que mencionar un ligue de una sola noche con Marilyn Monroe. Imposibilitada para tener hijos, los adoptó, para lo que recurrió a intermediarios que le garantizaran que no se le aplicarían las restricciones habituales a mujeres solteras y divorciadas. Uno de los cinco hijos con el que se quedó en un principio fue reclamado por su madre biológica a los pocos días. Christina fue adoptada sin problemas en ?939, Christopher, en ?943, y las gemelas, en ?947.

    Vista desde fuera, era una familia como de cuento de hadas. Sin embargo, las cosas no eran como parecían. Aunque Joan le dijo a Christina que su madre biológica había muerto al dar a luz, la mujer estaba todavía viva, en realidad. Christina sólo descubrió la verdad a principios de los años 90, cuando se puso a investigar la historia de su familia biológica. Para entonces, sus padres (una estudiante que había tenido una aventura con un hombre casado, un ingeniero) habían muerto.

    Christina recuerda una infancia marcada por los violentos cambios de humor de su madre; en un momento podía estar comprándole vestidos de fiesta espectaculares y carísimos y al siguiente atizándole con un cepillo de pelo en el trasero tan brutalmente como para partirlo en dos. «Al principio lloraba», comenta Christina, «luego, ya no. La única arma que me quedaba era no dar muestras de ningún sentimiento». Cuenta también que, por las noches, a su hermano Christopher lo ataban a la cama con cabos de barco para impedirle ir al baño.

    ¿Cree Christina que Joan Crawford la quiso en algún momento? «Es posible, muy, muy al principio», admite, «pero no era una persona en su sano juicio. Si hubiese hecho hoy parte de lo que me hizo la meterían en la cárcel. Pero nadie hizo nada, a pesar de que todo el mundo lo sabía: el servicio, algunos vecinos... Era un personaje famoso y los sirvientes tenían un trabajo que no querían perder. Y al final ni siquiera eso. Dejó de haber ayuda en casa porque se hacía muy difícil trabajar a su servicio. La agencia de colocación dejó de enviar gente».

    Veneno para las taquillas. Conforme su carrera empezó a declinar, los ataques de cólera, la afición a la bebida y la obsesión con la limpieza de Joan Crawford se fueron haciendo más marcados. Los directivos de los estudios la declararon «veneno para las taquillas» y su autoestima no volvió a recuperar los niveles de antes. Para una mujer cuya valoración de sí misma se basaba directamente en su trabajo, aquello representó un golpe brutal.

    Madre e hija con Phillip Terry, el tercer marido de Joan Crawford, con el que estuvo casada de 1942 a 1946.

    Madre e hija con Phillip Terry, el tercer marido de Joan Crawford, con el que estuvo casada de 1942 a 1946. "Muy al principio, puede que sí me quisiera", afirma hoy Christina.

    El estilo de vida de la familia Crawford, típico de los personajes famosos, aparecía reflejado rutinariamente en las revistas, que contaban hasta el último detalle de las fiestas de cumpleaños y Navidad de unos niños que nadaban en la abundancia. Sin embargo, detrás del papel satinado y del ruido seco de las bombillas de los flashes al estallar, la realidad era completamente diferente, afirma Christina. A los niños se les permitía elegir un solo juguete cada año. Los demás se volvían a embalar y se entregaban a hospitales u organizaciones benéficas, a pesar de lo cual Crawford obligaba a sus hijos a escribir tarjetas de agradecimiento por los regalos recibidos que no les habían permitido quedarse. Cada una de esas tarjetas era revisada personalmente por la madre, que se las devolvía con anotaciones y correcciones hasta que quedaban a la altura de sus exigencias. «Era como una marcha de castigo», cuenta Christina. «Una cuestión de poder y privaciones. De niña, aquello me impidió tener confianza en mí misma. Me sentía completamente abandonada».

    Terminó por acostumbrarse a la soledad. A los ?0 años la enviaron a un internado, pero los estallidos imprevisibles y caprichosos de cólera materna continuaban durante las vacaciones. Al acabar sus estudios, Christina trabajó una breve temporada como actriz antes de incorporarse al departamento de promoción de la empresa Getty Petroleum. Desde la publicación de Mommie dearest ha escrito unos cuantos libros sobre malos tratos a niños y en la actualidad es una defensora decidida de los derechos de los adoptados.

    Lleva a sus espaldas tres matrimonios fracasados y tomó la decisión consciente de no tener hijos propios. «Nunca he visto un matrimonio o una relación que funcionen, así que no he sabido cómo hacerlo, así de sencillo», explica. «La verdad es que no tenía condiciones para tener hijos y a ratos me sale un genio violento. Tomé la decisión de no tener hijos y nunca me he arrepentido».

    Una iglesia y una tienda en ruinas. Durante los últimos ?5 años, Christina ha vivido en pleno campo, en Idaho, en una casita de madera dentro de una extensa reserva india rodeada de coníferas, praderas y montañas. Los únicos edificios que hay cerca son una iglesia y lo que fue una tienda para todo, actualmente en ruinas. No acaba de encajar del todo en un lugar como éste. Vestida con un elegante traje pantalón de color verde, una blusa escotada y unas alpargatas de esparto con cuña, lleva el pelo teñido de rubio y sus ojos azules quedan oscurecidos la mayor parte del tiempo tras unas gafas de sol. Es una mujer extraordinariamente educada y hospitalaria; proclive de vez en cuando a soltar inesperadas carcajadas.

    Es también, creo yo, una mujer desconfiada. Muchas de sus respuestas van acompañadas de una mirada fija y penetrante y de cierto recelo en la voz. Cuando le pregunto si el dinero ha sido uno de los factores que motivan la reedición del libro, se me queda mirando a los ojos sin pestañear durante unos cuantos segundos. «Lo vuelvo a sacar porque sigue siendo uno de los pocos relatos reales, auténticos, de malos tratos en el seno de una familia y es importante que siga estando al alcance de todo el mundo», responde.

    En su cuarto de estar, amplio y sin tabiques, sorprende de manera inmediata la ausencia de fotografías, como si el interior de la casa se hubiera despojado de todo aquello que pudiera recordarle su pasado. De las paredes cuelgan fruslerías anónimas sin mayor valor (una reproducción enmarcada de Shakespeare, un reloj que da las horas con un trino de pájaros...). A pesar de un breve acercamiento en los últimos años de Joan, tanto Christina como Christopher fueron excluidos de su testamento, en el que se afirmaba textualmente que la decisión obedecía a «razones que ellos conocen de sobra». Christina impugnó con éxito aquel testamento. Dejó de referirse a Joan Crawford como su madre hace unos cuantos años y ahora habla de ella como «mi progenitora adoptada». Es evidente que no la ha perdonado. «Ella nunca asumió ninguna responsabilidad. El perdón es un proceso entre dos personas», añade.

    Ahora reedita el libro. Y la familia de su hermana Cathy ha montado en cólera. «Christina dijo todo lo que quiso y todo el mundo se enteró la primera vez», comenta Casey LaLonde. «El libro fue una monstruosidad. Los recuerdos que yo tengo de ella son los de una abuela normal, cariñosa, que se desvivía por cuidarnos. Nunca hubo nada extraño o perverso en ella. Cuando se publicó el libro por primera vez Joan no estaba ya aquí para defenderse. Fue muy cobarde».

    Neil Maciejewski, historiador del cine que dirige una web de homenaje a Joan Crawford, reconoce que la actriz «era alcohólica, una maniática dominante, y probablemente no era la mejor madre del mundo, pero he dialogado con mucha gente que la conocía y tengo la impresión de que Mommie dearest no es un retrato que le haga justicia. Recientemente hablé con Betty Barker, que la conoció bien porque fue su secretaria desde los años 30 hasta su muerte. Es una mujer ya anciana que no tendría motivo para no decir la verdad y me ha dicho que Joan tenía sus defectos, pero que de ningún modo maltrataba a sus hijos».

    Es posible, no obstante, que una estrella de cine tan obsesionada con su propia imagen, una mujer tan extremadamente perfeccionista, empeñara todos sus esfuerzos en ocultar cualquier conducta de maltrato. Christina podrá ser también muchas cosas como, por ejemplo, una persona sin ilusiones, triste, un poco a la defensiva, pero no da la impresión de ser una persona fantasiosa o mentirosa.

    «Cruel» con sus hijos. Y también cuenta con defensores. La fallecida actriz Helen Hayes, cuyo hijo jugaba con Christopher, escribió en su autobiografía que Joan era «cruel» con sus hijos y que sus contemporáneos en Hollywood estaban «enormemente preocupados» por lo que les pudiera pasar a los niños. «Habría resultado inútil que hubiéramos protestado», escribió Hayes. «Joan sólo se enfadaba con sus hijos y probablemente sólo daba rienda suelta a su cólera con ellos».

    Quizás podría haber intervenido, como tantos otros, y haber pinchado la burbuja de silencio, pero Joan Crawford era una contrincante de cuidado. Christina afirma que aquella noche de hace tanto tiempo en que su madre trató de estrangularla intervino una secretaria que las separó y llamó a un funcionario de protección de menores para que acudiera a la casa. Según Christina, el funcionario explicó que no podía hacer nada; que tendría que esperar hasta cumplir los ?8 años, en que podría abandonar su casa según su voluntad. Si se recibía alguna llamada más en instancias oficiales, Christina terminaría en un centro de reclusión. «Eso me obligó a pensar de otra manera», explica, secamente. «¡Que la víctima pudiera ser castigada y el culpable quedara impune...! Eso hizo que me volviera un poco cínica».

    Cínica, pero no aterrorizada. Nunca más. «Lo más gratificante de salir bien de aquello es que no tengo miedo», afirma. «Si ella entrara ahora por esa puerta le diría que no es bien recibida y que hiciera el favor de marcharse, porque eso es precisamente lo que no pude decirle de niña». El tono de su voz se ha vuelto casi inaudible y se ha quebrado; prácticamente está hablando en un susurro. Mantiene la mirada unos segundos, se levanta y se pone a trastear en la cocina. Incluso ahora, tantos años después, Christina Crawford no quiere que nadie la vea llorar.

    por ELIZABETH DAY

    + 'Mommie dearest. 30th anniversary edition' (Seven Springs Press), de Christina Crawford, no está publicado en español.

    [Fuente:  elmundo-magazine]

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    Un Círculo infernal

       ♦       Sección:   SOCIEDAD     ♦  


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    E


    l coste económico del hambre es exorbitante, tanto para los individuos como para la sociedad.

    • La malnutrición conduce a la enfermedad y a la muerte.
    • Obliga a las familias a gasta en cuidados médicos sus últimos recursos.
    • Limita la capacidad intelectual de los niños.
    • Reduce la productividad.
    • Impide a las personas ejercitar sus dotes naturales.
    • Frena el crecimiento económico.
    • Priva a los países de los medios necesarios para alcanzar un nivel de desarrollo aceptable.

     

     

    Si no estuviera afectada por la malnutrición, el producto interior bruto por habitante en el África subsahariana, según la prestigiosa revista Le Monde diplomatique, se habría situado en 1990 entre 1.000 y 3.500 dólares, n lugar de la triste situación actual.

    Un círculo infernal: la malnutrición impide el desarrollo y la falta de desarrollo conlleva a la malnutrición.

    ***

    La cultura de la solidaridad y el compartir de la prosperidad, que aglutina a la Unión Europea, debería extenderse a toda la familia humana.

     Mary McAleese, Presidenta de Irlanda

     

    [Fuente: Mis archivos de recopilaciones ]

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    E

    l coste económico del hambre es exorbitante, tanto para los individuos como para la sociedad.

    • La malnutrición conduce a la enfermedad y a la muerte.
    • Obliga a las familias a gasta en cuidados médicos sus últimos recursos.
    • Limita la capacidad intelectual de los niños.
    • Reduce la productividad.
    • Impide a las personas ejercitar sus dotes naturales.
    • Frena el crecimiento económico.
    • Priva a los países de los medios necesarios para alcanzar un nivel de desarrollo aceptable.

     

     

    Si no estuviera afectada por la malnutrición, el producto interior bruto por habitante en el África subsahariana, según la prestigiosa revista Le Monde diplomatique, se habría situado en 1990 entre 1.000 y 3.500 dólares, n lugar de la triste situación actual.

    Un círculo infernal: la malnutrición impide el desarrollo y la falta de desarrollo conlleva a la malnutrición.

    ***

    La cultura de la solidaridad y el compartir de la prosperidad, que aglutina a la Unión Europea, debería extenderse a toda la familia humana.

     Mary McAleese, Presidenta de Irlanda

     

    [Fuente: Mis archivos de recopilaciones ]

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    ¿Muere el ratón?

       ♦       Sección:   TECNOLOGÍA     ♦  


     
     
     

    Con el anuncio de Microsoft de que su nuevo sistema operativo Windows 7 se centraría en tecnologías de interfaz táctil multipunto e interpretación de los movimientos, puede que los ratones tengan fecha de caducidad.

    Cuando vimos el interfaz dirigido por movimiento de la película "Minority Report" (y en menor medida en series como "Star Trek: La Nueva Generación"), todos quedamos maravillados por la sencillez de uso y la ergonomía del sistema, pensando "me gustaría poder trabajar así con mi ordenador".

    Claro que no fuimos los únicos, porque los ingenieros de Apple y Microsoft ya llevaban tiempo trabajando en la siguiente generación de sistemas de interfaz táctil multipunto.

    Apple convirtió un teléfono mediocre en un fenómeno social gracias a su interfaz. Ampliar una imagen con dos dedos, rotarla, pasar de canción de manera totalmente intuitiva... el iPhone es claramente una muestra de lo que nos espera.

    Surface

    Pero Apple no era la única compañía que estaba trabajando en sistemas táctiles, ya que Microsoft como compañía, y Bill Gates en especial, creían que el interfaz táctil era el futuro (Gates siempre ha sido un defensor a ultranza de los Tablet PC, cuya falta de éxito puede atribuirse a la falta de un sistema operativo que saque el máximo provecho de su pantalla táctil).

    Así, esta apuesta se plasmó en una mesa-ordenador llamada Microsoft Surface que, a posteriori, podemos considerar como un demostrador tecnológico de lo que la compañía estadounidense piensa incorporar a corto plazo en sus sistemas operativos.

    Surface es una mesa cuya superficie táctil multipunto nos permite interactuar con el contenido de una manera muy parecida a la que vimos en "Minority Report". Desde utilizar nuestros dedos como punteros de ratón, realizar agrandamientos de imágenes estirándolos como si se tratase de una superficie elástica, hasta utilizar una gran cantidad de accesorios como pinceles, láminas transparentes, y un largo etcétera.

    Pero aún hay más: Surface interactúa con cualquier objeto que pongamos en la mesa, detectando su forma y ofreciendo información contextual. Si ponemos dos teléfonos móviles, puede ofrecernos de inmediato información comparativa entre ambos, podremos descargar y cargar fotos y música en ellos, o transferir una ruta desde el mapa integrado en el sistema hasta el navegador de los teléfonos. Y si lo que ponemos es un vaso, iniciará una animación como "posavasos virtual" o también (si se trata de un bar o un restaurante) nos ofrecerá sugerencias de la carta.

    Obviamente, todo esto es un concepto, ya que para que esto funcione, los teléfonos han de tener un sistema operativo o un programa residente que se sepa comunicar con "Surface".

    Windows 7

    Pero la principal baza de Microsoft en lo que a tecnología táctil se refiere todavía está por llegar. Según anuncios de la compañía, los nuevos sistemas operativos Windows 7 (sucesor de Windows Vista) y Windows Mobile 7 estarán centrados en el control mediante tacto y gestos.

    En el mundo móvil no es ninguna novedad, y no sólo por el iPhone. Compañías como Nokia y Sony Ericsson ya han incorporado acelerómetros en algunos de sus modelos para detectar movimientos efectuados por sus propietarios. Así, podemos cambiar de canción con sólo "agitar" el móvil (Shake Control de Sony Ericsson) o controlar los juegos de móvil inclinándolo (próximamente en móviles Nokia).

    Pero el hecho de tener un sistema operativo orientado a la interacción táctil y gestual en un ordenador "normal" puede cambiar la manera que tenemos de trabajar con el ordenador. Ya en Windows Vista hemos apreciado como se incorporaban otros métodos de interacción alternativos, como el reconocimiento de voz (otra cosa es cómo de efectivo sea).

    Es posible que, si hacemos caso a lo que anuncian desde Microsoft, que en un futuro no muy lejano (el lanzamiento de Windows 7 se prevee para 2010) nuestro ratón se vea sustituido por una superficie táctil o directamente pantallas táctiles superfinas con tecnología OLED encima de nuestros escritorios.

    ¿Y el teclado? Además de poder tenerlo en la propia superficie táctil, si la tecnología de reconocimiento de voz sigue avanzando, puede que Windows 7 cuente con un sistema de reconocimiento de voz lo suficientemente avanzado como para que podamos dictar por voz todo el contenido que antes tecleábamos.

     

     

    [Fuente: terra ]

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    Roedores malditos

       ♦       Sección:   ANIMALES       ♦  


     

     

     

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    ■ La creciente generación de residuos ha potenciado aún más el ya alto nivel reproductivo de las ratas pardas. Les mostramos la radiografía de un auténtico inexterminable.

    YA ESTÁN AQUÍ...
    Justo detrás del tabique, en la tubería... las ratas pardas están junto a usted. El invierno suave ha favorecido su reproducción y la creciente generación de residuos las hace aún más fuertes. Inmunes a bacterias y venenos, se han vuelto casi inexterminables. Así es el enemigo número 1.

    El más débil tendría que jugarse la vida. Era la ley de la colonia; los privilegios de una jerarquía impuesta por la fuerza. Los humanos habían dejado un nuevo alimento a su alcance y su olor lo hacía muy apetecible. Pero eran miles de generaciones de ratas las que les habían transmitido genéticamente una precaución hacia los alimentos que el hombre ponía a su alcance. No en vano llevaban intentando exterminarlas desde hacía, al menos, siete siglos.

    El último de la colonia, un joven macho con una malformación en una pata, se vio obligado a salir del escondite tras un viejo armario del sótano de la casa. Solo, sabiendo a qué se exponía, el roedor se acercó al cebo. Debía probarlo; no tenía alternativa. Al menos la comida olía bien. Mientras tragaba los primeros bocados, el gusto apetecible del nuevo alimento le devolvió la esperanza. Cuando volvió a la madriguera, destilaba seguridad. Había salido en una peligrosa misión y había triunfado. Todos lo miraban y olfateaban, curiosos. Pero, para su sorpresa, ninguno salía a aprovechar aquella deliciosa comida ya testada. Entonces se dio cuenta. La colonia esperaba. Nadie saldría a comer hasta pasadas unas horas. Había que darle tiempo al veneno. Mientras su optimismo se desvanecía, sintió la primera contracción de dolor y supo que la comida estaba envenenada. Quince minutos más tarde la rata había muerto. Y toda la colonia tenía el registro olfativo de una comida que no probarían jamás. El veneno que se había utilizado para acabar con la colonia que infestaba la casa sólo se cobraría una víctima.

    D.R.

    La historia de la rata común, o rata parda (rattus norvegicus), con los seres humanos es una historia de supervivencia. Originario de China, este roedor inteligente y tremendamente adaptable ha acompañado al hombre desde que empezó su historia como especie. Y siempre se ha aprovechado de aquello que cultivamos, almacenamos o desechamos. Sin embargo, desde su llegada a Europa, la rata común se ha convertido en uno de los animales más odiados y perseguidos por el hombre.

    ¿Qué ha hecho este pequeño roedor para merecer un odio casi universal?

    Mientras la rata parda vivió confinada en sus territorios originales, los seres humanos la respetaron e incluso en algunos países como la India llegaron a adorarla.

    Pero mientras la rata parda vivía su mejor época en Asia, su pariente la rata negra (rattus rattus) llegaba a Europa con los cruzados que volvían de Asia Menor y se extendía por el Viejo Continente a una velocidad asombrosa. Esto fue el principio de una fama no del todo merecida para nuestra protagonista parda. Porque los piojos que parasitaban a las ratas negras de Europa se infectaron de una bacteria terrible, la Yersinia pestis, contagiando a las ratas y convirtiéndolas en el vector de transmisión de la peste bubónica o peste negra. Esta terrible enfermedad ocasionó dos grandes pandemias en Europa. La primera mató a la cuarta parte de la población mediterránea; la segunda, mucho más devastadora, se produjo en 1347 y en cuatro años exterminó a la mitad de la población de Europa.

    Cuando la rata parda llegó a nuestro continente a principios del siglo XVIII como polizonte en barcos mercantes de Oriente, la peste ya hacía mucho que había remitido, pero les había generado un merecido odio. Era el principio de una guerra sin cuartel que desde entonces mantenemos hombres y ratas. Una guerra que, por cierto, ganan ellas.

    NUNCA NOS LIBRAREMOS DE ELLAS

    POR SU COLOR LA CONOCERÉIS
    La rata común o rata parda (Rattus norvegicus) es originaria de China. Su nombre científico que la define como `rata de Noruega´ fue un error de John Berkenhout, naturalista inglés que en 1769 la bautizó así creyendo que había llegado a Inglaterra en barcos noruegos.

    EL SEXTO SENTIDO
    Pueden nadar, bucear y saltar un metro en el aire. Resisten caídas desde 15 metros de altura. Son astutas y poseen un sexto sentido, llamado memoria muscular o táctil: su sensible pelaje les permite moverse con seguridad por un laberinto en la más completa oscuridad.

    La rata parda, mucho más fuerte y adaptable que la rata negra, desplazó a ésta y se hizo dueña de todas las casas, los pueblos y las ciudades que encontró en su imparable expansión. Los hombres la hemos llevado como polizón en los barcos a todos los rincones del mundo y, como consecuencia, hoy ha colonizado los cinco continentes.

    Sus hábitos nocturnos, su comportamiento social y su asombrosa inteligencia la han llevado a colonizar la parte oculta de nuestras poblaciones y a multiplicarse en un número que da miedo. En las ciudades españolas se estima que hay al menos cinco ratas por habitante y, sin embargo, muy rara vez vemos una.

    Intentar erradicar las ratas de una ciudad es, hasta la fecha, una tarea imposible. A pesar de que todos los años se hacen fuertes campañas de desratización, los roedores vuelven a ganar la batalla una y otra vez. Además, nuestra incesante capacidad de producir residuos las alimenta cada vez más y han colonizado el subsuelo y las canalizaciones de nuestro mundo urbano. Viven en las tuberías, en las cámaras de aislamiento, en los huecos de la cimentación, en las alcantarillas… ¿Cómo lo consiguen? La primera baza a favor de las ratas es su increíble tasa de reproducción, a lo que hay que añadir las ventajas de su jerarquización. Los machos adultos ganan por la fuerza los puestos dominantes, mientras que las ratas más débiles son relegadas y forzadas a probar las nuevas fuentes de comida. Si a esto añadimos que en dos generaciones pueden hacerse inmunes a determinados venenos (muchas ya son resistentes a los llamados `anticoagulantes de primera generación´ con los que se intenta exterminarlas) podemos entender por qué, de momento, el contador esté de su lado.

    Las ratas son peligrosos vectores de enfermedades mortales como el tifus, la leptospirosis o la peste. Son, además, terriblemente dañinas con las cosechas, tanto que a nivel mundial se estima que el 10 por ciento de la producción se pierde por su culpa. Y no sólo porque se coman el grano recolectado, sino por la cantidad del mismo que contaminan y dejan inservible. Una rata puede consumir 20 kilos de grano al año y, en ese tiempo, contaminar el grano restante con 25.000 excrementos y más de seis litros de orina, mientras reparte millares de pelos potencialmente peligrosos.

    Pero no sería justo terminar el artículo sin hablar de la parte positiva de las ratas comunes. Porque la tienen; y muchos sobrevivimos gracias a ella. Dado que la biología de las ratas es similar a la de los seres humanos, los científicos las han utilizado para sus experimentos. Porque nuestra rata común, la terrible rata de la que hablamos, es también la famosa `rata de laboratorio´. Millones de ellas han muerto para poner al alcance de la humanidad los sueros y las vacunas que salvan a millones de seres humanos de nuevas pandemias. 

    Anatomía de las ratas

  • ANATOMÍA INTERNA: su sistema digestivo es capaz de alimentarse de casi cualquier cosa, son inmunes a infinidad de bacterias y parásitos y su resistencia es asombrosa. Tras diez años de pruebas nucleares en el atolón de Enewetok, las ratas sobrevivieron sin aparentes alteraciones en su organismo.
  • DIENTES: capaces de perforar cualquier superficie: madera, cemento, piedra, hormigón y metal, incluyendo el acero. De crecimiento permanente mientras vive. Su mordisco puede ejercer una presión de 1.700 kg/cm2.
  • PATAS Y MANOS: poderosos músculos y fuertes tendones hacen de las ratas grandes saltadoras y excavadoras. Sus manos son capaces de excavar galerías con increíble rapidez, pero sus uñas cortas y rectas las hacen torpes trepadoras.
  • SENTIDOS: cuentan con un olfato y un oído muy desarrollados. Gracias a su penetrante olfato y a su memoria olfativa pueden recordar el olor de los venenos. Por el contrario, su sentido de la vista es muy pobre y, al parecer, no distinguen los colores.
  • PELO: una capa compacta de pelo las aísla y mantiene su calor corporal durante sus frecuentes inmersiones en el agua. En ese pelo es, por otro lado, donde se esconden los parásitos más peligrosos.

     

    Nunca nos libraremos de ellas
    La vida sexual de las ratas es corta, pero muy intensa. La hembra entra en celo durante seis horas unas siete veces al año y en ese tiempo intenta aparearse todo cuanto puede. Llega incluso a copular hasta 200 veces en esas seis horas. Se calcula que una pareja puede parir al año 15.000 crías. Por suerte, la tasa de mortandad durante los primeros meses es del 80 por ciento, pero aun así las poblaciones crecen exponencialmente. Aunque lográramos exterminar al 90 por ciento de la población mundial de ratas, recuperarían su número en tan sólo medio año.

    Fernando González Sitge

    PARA SABER MÁS...
    The story of rats. Su impacto sobre nosotros y nuestro impacto sobre ellas. S. Anthony Barnett. Ed. Allen & Unwin, 2001.

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    [Fuente: xlsemanal]

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    El Estadio más famoso del mundo

       ♦       Sección:   DEPORTES.       ♦  


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    ■ ¿Cuál sería para usted el mejor, entre los mejores y mas famosos estadios del mundo por su arquitectura por su capacidad o por que simplemente es una belleza, depende de tu criterio.


    Santiago Bernabeu - España
     


    Maracana - Brasil
     


    Camp Nou - España
     


    Wembley - Inglaterra
     


    Old Trafford - Inglaterra
     


    Bombonera - Argentina


    San Siro - Italia


    Amsterdam Arena - Holanda
     


    Estadio Azteca - Mexico
     


    Allianz Arena - Alemania
     


    Olimpico de Beijing - China
     


    Mestalla - España
     


    Olímpico de Roma - Italia
     


    Monumental - Argentina
     


    Estadio Beijing- China
     


    Stamford Bridge - Inglaterra
     


    Stade de France - Francia
     


    Yokohoma Intl' - Japon
     


    Da Luz - Portugal
     


    Athens Olympic - Grecia


    Olympia Stadion - Alemania
     


    Dragao - Portugal


    Centenario - Uruguay


    Cilindro de Avellaneda - Argentina
     


    Millenium stadium - Gales


    Estadio Olimpico Universitario - Mexico
     


    King Fahd International - Arabia Saudita
     


    Werner March - Alemania


    National Swimming Center - China
     


    Durban - Sudafrica
     


    Metropolitano de Merida - Venezuela


    Arena Veltins - Alemania
     


    Seoul Sangam - Corea Del Sur
     


    Luzhniki - Rusia


    Estadio Cachamay-Venezuela
     


    Cardinal Stadium - Usa


    Max Agustin - Peru
     


    Monumental de maturin - Venezuela
     


    Al Khalifa Sports Complex - Qatar
     


    Rungnado May Day - Corea Del Norte
     


    Borg el Arab - Egypto
     


    Signal Iduna Park - Alemania
     


    Saltlake Stadium - India
     


    Urbano Caldeira - Brasil


    Yadegar e Emam - Iran
     


    San Mames - España
     


    Anfield - Inglaterra


    Anoeta - España
     


    Emirates Stadium - Inglaterra
     


    Ernst Happel - Austria
     


    Yankee Stadium - USA
     


    Isidro Romero Carbo - Ecuador
     

    [Fuente:  ]

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